Parece evidente que la cocina vegetariana es más sana que el resto de formas alimentarias. El consumo exagerado de sal y grasas animales unido a la vida sedentaria ha disparado espectacularmente la incidencia de enfermedades cardio-vasculares, la obesidad y la diabetes.

Pero tenemos que reconocer que tanto la carne como el pescado contienen vitaminas y proteínas esenciales para la salud, y por ello es necesario que las personas que decidan llevar una dieta vegetariana, busquen alimentos que puedan reemplazarlos: cereales integrales, legumbres y frutos secos son ricos en proteínas y por tanto imprescindibles. Al mismo tiempo contienen mucha fibra y nada de grasas saturadas que son las que nos perjudican.

Otra cuestión importante a tener en cuenta es que los cultivos masivos de verduras que consumimos, más el tiempo que tardan en llegar a nuestra mesa hacen que se hayan reducido en buena parte las vitaminas y proteínas, que necesitamos, por lo que una dieta vegetariana estricta no es recomendable en la mayoría de los casos, sobretodo en niños. La solución es seguir un dieta ovo-lacto-vegetariana, es decir: añadir huevos y derivados lácteos para conseguir un perfecto equilibrio nutricional.

Contrariamente a lo que muchos piensan la cocina vegetariana no tiene porqué ser pesada ni monótona, eso si su elaboración requiere algo más de tiempo. Es una cocina rica y diversificada que abarca gran número de recetas deliciosas e internacionales.